Roboadvisor: ¿le confiarías tu ahorro a una máquina?

Roboadvisor: ¿le confiarías tu ahorro a una máquina?

Desde hace tiempo se viene hablando de los roboadvisor o “asesores robots”. Los podemos definir como asesores financieros que aportan un servicio de gestión online del patrimonio, de modo que se reduce a la mínima expresión el contacto humano entre estos y los inversores. Su objetivo es ofrecer un servicio de asesoramiento automatizado basado en algoritmos y a bajo coste.

La idea fue importada de Estados Unidos, donde lleva varios años funcionando. En España, aunque es un fenómeno más reciente, parece que también está teniendo cierta repercusión, aunque no sin cierto recelo por parte del sector. Ya sabemos que lo bueno, bonito y barato suele despertar siempre alguna que otra perspicacia.

¿Qué es un roboadvisor?

Podría decir que se trata de un servicio web que crea automáticamente una cartera de inversiones según el perfil de cada persona, después de que ésta haya contestado a una serie de preguntas. Con estas cuestiones, se evalúa el perfil de riesgo, la capacidad económica, la experiencia inversora, las expectativas, etcétera. Una vez analizados estos datos mediante unos algoritmos, “el robot” decide por ti dónde y cuánto deberías invertir. Construyen una cartera de inversión con ETFs o fondos indexados, llevando a cabo rebalanceos, reinvirtiendo dividendos, etc, todo esto sin que el inversor se tenga que ocupar.

Y es ahí donde comienzan los ‘peros’. Porque:

  1. La mayoría de estos roboadvisor ofrecen un mismo formulario de preguntas a todas las personas. Esto significa que las soluciones no pueden ser tan personalizadas como las que puede ofrecer un asesor financiero cara a cara, con quien sí se puede establecer un diálogo auténtico y no automatizado. Tu asesor va a explicarte qué significa cada pregunta y a qué conduce cada respuesta. Mi experiencia profesional es que cuando el cliente realiza y responde al cuestionario él solo, el perfil resultante no suele tener nada que ver con su realidad inversora.
  2. En ningún momento se reduce el riesgo de fallos. La perfección no existe. Ni siquiera en las máquinas. No hay ninguna garantía absoluta de que los algoritmos que utilizan los roboadvisor sean cien por cien efectivos. Entre otras cuestiones porque, aunque ellos carecen de emociones y pueden gestionar ajenos a las turbulencias o reacciones de los mercados, si el cliente entra en pánico ante una caída de los mercados y ordena la venta de sus inversiones con grandes pérdidas, dudo que el roboadvisor sea capaz de hablarle y hacerle entender que no es el momento de vender, sino todo lo contrario, que debe aprovechar esa bajada para comprar más y entrar a mejor precio.
  3. Como con cualquier herramienta online, existe la posibilidad, aunque sea cada vez más remota por los controles de seguridad, de que se divulguen los datos personales de los inversores, los conocidos hackeos informáticos.
  4. Las alternativas de inversión que ofrecen estos programas son más reducidas ya que se limitan, en la mayoría de los casos, a fondos de inversión (no son independientes y suelen depender de un Banco custodio y de una gestora principal de la que comercializan la mayor parte de sus fondos. Lo mismo ocurre con los planes de pensiones) y ETF´s que, aunque son buenos instrumentos de inversión, de momento en España tienen un trato fiscal más duro que los fondos de inversión.
  1. Por último, pero no menos importante, no hay contacto humano. Un roboadvisor o gestor automatizado no va a escuchar tus preocupaciones o aconsejarte en momentos de incertidumbre. Tampoco conoce tu situación personal y familiar o profesional, ni puedes llamarle o enviarle un Whatsapp para consultarle.

 

Con todo lo expuesto, me siento capaz de afirmar que los roboadvisor han llegado para quedarse y que, usados correctamente y en perfiles adecuados para determinados patrimonios será una solución cómoda, ágil, accesible y barata que de otra manera no podrían obtener.

Dicen que son los asesores financieros de los jóvenes de hoy, y yo, que tengo algunos de estos jóvenes como clientes, puedo afirmar que sí, que serán sus asesores por un periodo de tiempo, pero que cuando tengan determinadas necesidades, retos y patrimonio a gestionar buscarán ir de la mano de un asesor financiero profesional y cualificado.

Como ya comentaba al hablar de la entrada en vigor de la MiFID II hay que saber distinguir un buen asesoramiento de una simple comercialización o de la mera información de productos y servicios contratables. Un asesoramiento real es aquel que tiene en cuenta tu situación financiera actual y tu perfil de riesgo, así como cuáles son tus metas. El asesoramiento, insisto, requiere una mayor formación financiera del profesional que hasta ahora no se había exigido y no se daba en España. Por tanto, a partir de la entrada en vigor de la MiFID II se deben acreditar formación y conocimientos específicos en los profesionales que se dedican al asesoramiento de las personas.

Para mí, los roboadvisor son un “colega” más dentro del sistema financiero.

En cualquier caso, sea cual sea la opción que más te guste, antes de tomar una decisión, infórmate. Conoce y valora las diferencias entre un asesor financiero tradicional y un roboadvisor y decide después a quién quieres confiar tu dinero.



Esta web utiliza cookies propias y de terceros para ofrecerle una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios el usuario acepta el uso que hacemos de las cookies. Más información

The cookie settings on this website are set to "allow cookies" to give you the best browsing experience possible. If you continue to use this website without changing your cookie settings or you click "Accept" below then you are consenting to this.

Close