Qué es una cartera de inversión

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Qué es una cartera de inversión

Hace unas semanas hablaba en este blog sobre las diferencias entre la inversión en renta fija o en renta variable. Las ventajas y las desventajas de cada una de ellas y de cómo, en definitiva, el riesgo siempre depende de las decisiones (o de las malas decisiones) que tomemos al montar la estrategia. La diversificación de la inversión, insisto, es una de las mejores maneras de apostar con garantía. Es, en resumen, la historia que todos sabemos de no poner todos los huevos en la misma cesta, pero que muchos inversores y, sobre todo, bancos olvidan. Y es de eso, de la diversificación y de la formación de una buena cartera de inversión de lo que te voy a hablar en esta entrada.

Hay quien confunde la cartera de inversión con el número de acciones de diferentes compañías, pero una cartera de inversión, en realidad, abarca todas las inversiones, tanto en renta fija como en renta variable, oro, arte, cotizados e incluso las inmobiliarias de una persona: todo.

Cuando hablamos de cartera de inversión debemos de tener en cuenta los objetivos y metas del inversor, sus horizontes temporales (porque dependiendo del tiempo que pueda tener esa inversión decidiremos en qué y cómo hacerla), la edad, su capacidad de asumir o no volatilidad, la estrategia de compra y de venta, entre otras cuestiones.

Cómo conformar una cartera de inversión

Lo primero que siempre debes tener en cuenta a la hora de crear una cartera de inversión es que ésta debe ajustarse a tus objetivos como persona; estudios propios o de tus hijos, adquisición de inmuebles para disfrutar o alquilar, garantizarte un nivel determinado en tu jubilación… Esos pueden ser algunos de esos objetivos, pero no los únicos.

Se debe cuantificar qué recursos necesitas para cada objetivo y establecer la estrategia adecuada para conseguirlos, vía ahorro, y rentabilizando este ahorro a través de la inversión.

Como puedes comprobar, cada objetivo va a requerir un tiempo diferente para su consecución y disfrute. Eso nos marcará el horizonte temporal y en qué invertiremos. Parece evidente, pero muy pocas veces se tiene en cuenta; por ejemplo, si tienes una inversión para tu jubilación, puedes comprobar en qué lo tienes invertido. En el 90% de los casos tienes por delante más de 15 años para jubilarte y tu plan de pensiones esta invertido en renta fija o en un plan de previsión asegurado.

Debes valorar tu perfil inversor, debes preguntarte de la mano de un buen asesor financiero: ¿cuál es tu nivel de tolerancia al riesgo? Y en función de la respuesta, de tu capacidad de asumir una posible pérdida de capital, estaríamos hablando de un perfil prudente o conservador (muy poca/poca tolerancia), equilibrado o activo (media/media-alta)) o dinámico (alta tolerancia). Hay que tener en cuenta que en el mundo financiero el riesgo/volatilidad y los beneficios suelen estar directamente relacionados.

El siguiente paso sería planear unos objetivos reales de rentabilidad. No todos los inversores tienen los mismos planes para su capital por lo que es importante que antes de invertir, se decidan las expectativas que se tienen al crear una cartera de inversión: ¿conservar el poder adquisitivo?, ¿aumentar el patrimonio?, ¿en cuánto tiempo?, ¿puedes esperar?, ¿quieres una rentabilidad rápida? Es importante tomar de antemano estas decisiones y ser conscientes de ellas en todo momento porque, como comentaba al hablar de la inversión en renta variable, el riesgo está en las decisiones precipitadas. Y es fácil precipitarse cuando uno no ajusta su temple a las variaciones del mercado. Una buena planificación y un mejor asesoramiento ayudan a tener confianza en las decisiones tomadas y dar los pasos adecuados en cada momento.

Una cartera de inversión debe ser un instrumento activo.

Por otra parte, lo contrario de las decisiones precipitadas sería el estancamiento o la falta de mantenimiento de la cartera de inversión. Y los extremos nunca son buenos. Aunque es importante tener paciencia, no hay que olvidar que una cartera de inversión debe ser un instrumento activo, dinámico, que se vaya ajustando a las fluctuaciones de los mercados de manera estratégica. Para eso, de nuevo, es recomendable contar con la ayuda de un profesional que sepa ir viendo las oportunidades sin precipitarse, con el mínimo riesgo posible.

Otro factor clave a la hora de crear tu cartera de inversión sería la cobertura de riesgos a través de la diversificación. Es tan arriesgado tener un perfil dinámico como uno conservador si no se cumple a rajatabla el principio de la diversificación.

Una buena cartera de inversión debe cubrir los riesgos de los activos más agresivos con otros más conservadores, la rentabilidad a largo y a corto plazo, lo invertido a 3 o a más de 10 años. Y no jugárselo todo a la misma carta. Fondos de inversión, ETFs, bonos, divisa, acciones, arte, patrimonio inmobiliario… No se trata de invertir un poco en cada uno de ellos, pero sí en diversificar la cartera de inversión de manera que haya un equilibrio. En la variedad está el éxito, pero, sobre todo, en las decisiones correctas en el momento oportuno. ¿Te ayudo?

 



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